Pretty privilege: hablemos de una verdad incómoda

pretty privilege

Vivimos en un mundo donde la belleza parece ser una moneda de cambio invaluable. Donde por el hecho de ser bonito/a, parece que hay cosas que te caen del cielo. Dudamos de nosotras mismas, nos sentimos inseguras y todo se vuelve muy frustrante. Aunque hay una gran cantidad de factores a tener en cuenta, hay uno especialmente del que queremos hablar hoy: el pretty privilege.

pretty privilege
El Pretty Privilege existe y está presente a todas horas, en cualquier sitio

¿Qué es el pretty privilege?

El pretty privilege es ese fenómeno misterioso por el cual las personas agraciadas con una apariencia estéticamente agradable parecen tener una especie de pase mágico en la vida. Es decir, si tu belleza coincide o se acerca al estándar de belleza impuesto por la sociedad, tendrás una vida llena de dichas y oportunidades. Si no, tendrás que trabajar 3 veces más para optar a las mismas oportunidades. Increíble, ¿verdad?

Pero, atención, no estamos aquí para criminalizar la belleza. Aquí estamos hablando de algo más siniestro y perverso, algo que va más allá de la simple admiración estética. El pretty privilege otorga a las personas bellas un trato preferencial en diversas áreas de la vida. Desde el ámbito laboral, donde la belleza se convierte en un boleto dorado hacia el éxito profesional, hasta el mundo de las relaciones personales, donde ser guapo/a te brinda una ventaja para encontrar pareja o ganarte la atención de los demás.

Esto nos afecta gravemente en la formación de nuestra personalidad desde que somos pequeñas. Si entramos dentro de los estándares de belleza, seremos vistas como más listas, más sociables, más sanas, etc. Pero si no entremos dentro de este círculo tan exclusivo, nos convertimos en un pozo de inseguridades.

Cómo la belleza afecta nuestra vida
Ser más o menos atractivo según la norma es, al final, un accidente

No podemos negar que existe y que tiene un impacto en nuestras vidas. Nos guste o no, la belleza se ha convertido en una especie de filtro a través del cual se evalúa a las personas. Y aquellos que no cumplen con los estándares establecidos, bueno, simplemente tienen que esforzarse más para destacar en un mundo que valora más la apariencia.

Por otro lado, cuando la sociedad proporciona beneficios a las mujeres bellas, también lo hace cosificándolas, tratándolas solo como un cuerpo y un físico, y no por lo que realmente representan o valen. La problemática es realmente profunda. ¿Cómo podemos llegar a una situación ideal de igualdad de género si se siguen imponiendo este tipo de ideales? ¿Cómo podemos demostrar lo que valemos si se nos va a juzar por ser bellas o por no serlo (según el cánon)?

Los estereotipos de belleza y su impacto en el pretty privilege: ¿Quién dicta qué es bello?

Este tema es algo tan real y tan común en nuestro día a día, que existe una rama de economía que estudia cómo el atractivo físico afecta a nuestra vida: pulchronomics o economía de la belleza. Y es que los estudios demuestran que las personas consideradas bellas dentro del cánon, es decir, del estándar de belleza, perciben unos salarios más elevados. En otras palabras, en la actualidad, las personas consideradas atractivas tienen mayores posibilidades laborales solo por su aspecto.

En un mundo obsesionado con la belleza, los estándares establecidos culturalmente juegan un papel crucial en cómo nos percibimos y tratamos a nosotros mismos y a los demás. Pero, ¿alguna vez nos hemos detenido a reflexionar sobre la arbitrariedad de estos cánones de belleza? ¿Quién decide qué es considerado excelso en un determinado momento?

La realidad es que los ideales de belleza son algo que evoluciona constantemente. Lo que hoy es considerado como el summum de la perfección puede convertirse en un pasado anticuado en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué opinas de aquellos cardados extra voluminosos de los años 80? ¿O qué me dicen de los estilismos “futuristas” de los años 90 que ahora nos hacen sonreír con cierta nostalgia?

Es aquí donde entra en juego el efecto halo. Este fenómeno psicológico nos lleva a creer que una persona que se ajusta a los estándares de belleza establecidos es automáticamente más inteligente, exitosa y virtuosa en todos los aspectos de su vida. Sin embargo, ¿acaso el tener unos pómulos prominentes o una sonrisa deslumbrante garantiza una personalidad interesante? No, pero tampoco lo contrario.

No queremos desencadenar una guerra contra la belleza. Reconozcamos que la estética tiene su importancia y que todos podemos disfrutar y valorar la belleza en sus diversas manifestaciones. Presentarte a una entrevista de trabajo con un aspecto formal y elegante puede darte más posibilidades a la hora de conseguir el puesto que si te presentas con el pelo sucio y en chándal. La apariencia cuenta. Sin embargo, es fundamental entender que los cánones de belleza de nuestro tiempo son meramente arbitrarios y cambiantes. Son el muestrario de lo que casualmente hoy es “bonito”.

En esta búsqueda incansable por encajar en los estándares de belleza, tanto las personas que se ajustan como las que no se ajustan a ellos se ven atrapadas en una realidad compleja y desafiante. Aquellas que encajan en el canon pueden experimentar los beneficios del pretty privilege, siendo tratadas de manera preferencial y admiradas por su apariencia. Sin embargo, también pueden enfrentar la presión constante de mantenerse a la altura de las expectativas y sufrir la inseguridad de no ser más que una simple fachada, donde el síndrome del impostor acecha por las esquinas.

Por otro lado, aquellas que no encajan en los estándares establecidos pueden sentirse excluidas, ignoradas e incluso menospreciadas. El trato diferencial basado en la apariencia puede generar inseguridades y complejos profundos, socavando la autoestima y la confianza de estas personas. Pero, ¿acaso la belleza exterior define nuestra valía como seres humanos?

Rompiendo barreras

Los estándares de belleza cambian con el tiempo y varían según la cultura y las influencias sociales. Lo que importa es reconocer que la belleza es mucho más que una apariencia superficial. La autenticidad, la inteligencia, el talento y la bondad son cualidades que trascienden la belleza física y nos definen como seres humanos.

En lugar de envidiar o menospreciar a aquellos que encajan en los estándares de belleza, debemos desafiar y cuestionar esos mismos estándares. Preguntémonos por qué nos sentimos atraídos o impresionados por ciertas características físicas y cómo eso afecta nuestra percepción de las personas. Rompamos con el efecto halo y miremos más allá

Para ilustrar esto, consideremos a personas reales que desafían los estándares convencionales de belleza pero que han dejado una huella indeleble en el mundo. Pensemos en figuras históricas como Frida Kahlo, con su ceja prominente y su estilo único, que desafió las normas de su época y se convirtió en un ícono del arte y la autenticidad. O en artistas contemporáneas como Lizzo, que irradia confianza y amor propio a pesar de no encajar en los tamaños de ropa tradicionales.

Pretty privilege: hablemos de una verdad incómoda pretty privilege
Lizzo

Estas personas nos muestran que la belleza no se limita a un estándar preestablecido, sino que se encuentra en la singularidad y en la expresión auténtica de uno mismo. El pretty privilege puede ser una ilusión pasajera, pero la verdadera belleza radica en nuestra capacidad de aceptarnos y celebrarnos tal como somos, sin importar si encajamos en los moldes establecidos.

A nivel colectivo, es fundamental promover una cultura de inclusión y equidad. Esto implica educar sobre la diversidad de cuerpos, apariencias y belleza. Fomentar la representación inclusiva en los medios de comunicación y en la industria de la moda, y promover políticas y prácticas que eviten la discriminación basada en la apariencia física.

Pretty privilege: hablemos de una verdad incómoda pretty privilege
Curvy models

El hecho de que haya modelos curvy o modelos con vitílago, por ejemplo, consideradas tradicionalmente como fuera de los estándares de belleza, es todo un avance. Empezamos a cuestionarnos las cosas y lo que nos han enseñado, para empezar a averiguar lo que verdaderamente nos gusta y lo que creemos que es justo. Sigamos así. La vida es un aprendizaje y aprendemos haciéndonos preguntas, reflexionando, y actuando.

El Attelier Magazine

TE RECOMENDAMOS

Suscríbete a la Newsletter

.