Desde las toallas de tela hasta la copa menstrual. ¿Cómo han evolucionado los productos para la regla?

A lo largo de la historia, los métodos de protección y de higiene menstrual han evolucionado mucho. Desde el algodón y los papiros que utilizaban las romanas y las egipcias hasta la actual copa menstrual. Hoy, en pleno siglo XXI, las alternativas existentes en el mercado son muy variadas. Sin embargo, solo una ha conseguido romper con un tema que, hasta hace relativamente poco, era un tabú: la regla y la sexualidad femenina.

¿Cómo han evolucionado los productos para la regla?

La primera copa menstrual es un invento del siglo XIX, pero no fue hasta la década de 1980, cuando apareció en el mercado un modelo fabricado en látex, reutilizable y en dos tamaños. No obstante, el verdadero punto de inflexión fue en el año 2000, cuando se comercializó la primera copa fabricada en silicona de grado médico: un nuevo material hipoalergénico que previene el crecimiento bacteriano.

Desde ese momento, su legión de usuarias no ha hecho más que crecer y, treinta años después, se ha convertido en uno de los productos más revolucionarios. Tanto, que España es el primer país de Europa en el que más copas menstruales se venden. Pero ¿cómo han evolucionado los productos de la regla hasta hoy en día?

En los últimos años del siglo XIX, la copa menstrual convivió con otros sistemas de higiene íntima. Era el caso de las primeras compresas comerciales, hechas en tela y que se anudaban con un cinturón a la ropa interior. Sin embargo, no tuvieron mucha suerte en el mercado y las mujeres continuaron recurriendo a las compresas lavables caseras, con la diferencia de que en vez de ser de algodón se hacían con vendajes de celulosa. El motivo: durante la primera guerra mundial, las enfermeras comprobaron que la celulosa absorbía la sangre mucho mejor que el algodón, poniéndose de moda este material entre las usuarias.

En la década de 1920 aparecieron las toallas desechables que, aunque fueron un gran avance en cuanto a comodidad, no se podían usar sin los cinturones sanitarios reutilizables. No sería hasta cuatro décadas más tarde, cuando empezarían a comercializarse las primeras toallas autoadhesivas, marcando el fin de los cinturones, clips e imperdibles para millones de mujeres. Una década después, los tampones modernos irrumpieron en el mercado, aunque ya en el Antiguo Egipto las mujeres usaban papiro enrollado para absorber el flujo menstrual. Sin embargo, todavía muchas mujeres eran reacias a utilizar este método de protección debido a las preocupaciones morales sobre la virginidad.

No obstante, con el paso de los años la popularidad de los tampones continuó creciendo y otros métodos de protección avanzaron para mejorar la calidad de vida de las mujeres. En este sentido, la inventora de la copa menstrual, Leona Chalmers, se asoció con una empresa de mayor tamaño para fabricar una nueva versión de la copa. Incluso, crearon una versión desechable para hacer frente a la popularidad de las compresas y tampones. La compañía invirtió en una gran campaña educativa para que enfermeras asesoraran y aconsejaran a las mujeres en las farmacias de todo el país.

En la década de 1970 y gracias a los movimientos feministas y por el cuidado del medio ambiente, las copas menstruales, las esponjas para el periodo y otras opciones biodegradables se volvieron más populares entre las usuarias. Con el cambio de siglo, el abanico de productos para el cuidado del periodo ya era muy amplio y la preocupación por el impacto ambiental hizo que apareciesen nuevos productos respetuosos con el entorno.

“Un reciente estudio de la Comisión Europea[1] revela que los productos tradicionales para la menstruación son el quinto residuo de plástico más presentes en los mares. Por ello, las copas menstruales se han convertido en la alternativa perfecta y en la mejor opción para el cuidado íntimo y del planeta”, afirman los expertos de INTIMINA. “El uso de la copa menstrual ofrece la posibilidad de mejorar la relación con nuestros cuerpos y el planeta, a la vez que practicamos y autoconocemos nuestra sexualidad”.

Este innovador producto no absorbe, sino que recoge el flujo y tampoco provoca sensación de sequedad gracias a su textura ultrasuave. Es el caso de la Lily Cup, Lily Cup Compact y Lily Cup One que respetan el equilibrio íntimo, pues no contienen tóxicos ni ftalatos (grupo de compuestos químicos principalmente empleados como plastificadores). Son completamente higiénicas gracias a la silicona de grado médico biocompatible con las que están fabricadas, un material no poroso que previene el crecimiento bacteriano. Además, están diseñadas para una larga duración, sin sacrificar su valor ni rendimiento.

[1] Informe de la Comisión Europea de 2018: “Reducción de la basura marina: acción sobre los plásticos de un solo uso y las herramientas de pesca”.

El Attelier Magazine

Luli Borroni

DIRECTORA

Comparto por escrito las cosas que más me gustan. Mis consejos de moda y estilismo, belleza y estilo de vida. Además, mis recomendaciones gastronómicas y recetas aquí y en @yummyluli. ¡Gracias por estar ahí! :)

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