Historia en El Attelier: la vida de Paul Poiret

Conocido como Le Magnifique en París y El Rey de la Moda en Estados Unidos, Paul Poiret fue catalogado por The New Yorker (1927) como uno de los “motores del cambio de la retina moderna”. Carismático, fiestero y atrevido, el artista dominó la escena de la industria durante la década de 1910.

Paul Poiret, de paragüero a diseñador

Nació en el París de 1879 en el seno de una familia trabajadora y humilde. Su padre, comerciante de telas, le introdujo en el sector a través de un taller de paraguas. Allí, un joven Poiret comenzó a experimentar con los retales sobrantes para elaborar sus diseños. Pronto se fijaron en él dos de los diseñadores más importantes de finales del siglo XIX, Jacques Doucet y Charles Frederick Worth. Trabajó para ambos hasta abrir su propia casa de Alta Costura en 1903.

Además de su arrolladora personalidad y su especial sentido del marketing y la autopromoción, se hizo famoso por adueñarse del latido característico de La Belle Époque: la modernidad. La mujer europea había utilizado corsés y enaguas para moldear su figura desde la época del Renacimiento. Hasta que Paul Poiret entró en escena. Sus creaciones abogaban por líneas sueltas que daban movimiento y libertad. A pesar de no ser el único en apostar por darle una tregua al cuerpo femenino, recordemos que Madeleine Vionnet también lo hizo, sí fue una de sus aportaciones más características.

Su nombre como sinónimo de atrevimiento

Contribuyó enormemente al progreso de la moda gracias a la introducción de elementos orientales como kimonos, túnicas, turbantes y caftanes. También incorporó las camisolas, las faldas de tubo y los pantalones bombachos. Sin duda, los fans de Dowton Abbey recordarán la famosa escena en la que el personaje de Sybil lucía un diseño de falda pantalón con clara inspiración en el diseñador. También fue aficionado a los complementos y adornos coloridos, como bordados y plumas, y sus tejidos eran de gran calidad, reservados únicamente a las clientas de mayor posición económica.

Gracias a su carácter vanguardista, su trabajo estuvo fuertemente relacionado con el mundo del espectáculo. Diseñó el vestuario para obras del Ballet Ruso como Schéhérezade  y Le Minaret. Para esta última, su esposa Denise, sentada entre el público, lució un vestido similar al utilizado por los actores. Todo un golpe de efecto para la época. Colaboró con numerosos artistas, como los ilustradores Erté y Georges Lepape, y fundó su propia escuela de artes decorativas. En 1911 también creó una línea de cosmética propia y otra de artículos de decoración para el hogar.

El final de una época

Finalmente se vio sobrepasado por aquello que lo había llevado a la cima. Tras la Segunda Guerra Mundial, y con la aparición del estilo garçonne y la sobriedad de Chanel, su estilo basado en la ornamentación y la artesanía ya no tenía cabida. Cerró su casa de costura y murió arruinado y olvidado por el gran público.

En 2014, ochenta años después de su muerte, el artista volvió a escena de la mano de Arnaud de Lummen. El magnate amante de la moda histórica se hizo conocido por revitalizar la casa de Vionnet antes de vendérsela al italiano Matteo Marzotto. El holding propiedad de la familia Lummen llegó finalmente a un trato con el conglomerado coreano Shinsegae International en 2015 para la compra de la marca. ¿Volverá la casa a recobrar sus antiguos aires de gloria?

Marina Peñalver Asins

Onírica y textual. La moda será sostenible o no será. Puedes encontrarme aquí y en @marinaasins.

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